Para pensar

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Estado fallido y Larreta presidente

Esta semana vimos algo inédito en la política argentina. La policía bonaerense básicamente hizo un paro, manifestándose por un aumento salarial. ¿Desde la óptica del trabajador que tendría de malo? Nada. Desde la óptica institucional, esto cambia la completa visión de antaño o convencional que teníamos sobre ciertas instituciones que ejecutan el poder del Estado a través de la violencia. No se manifiestan ni hacen huelga.

Lo que sucedió, fue una clara demostración de que el Estado argentino, cómo está consolidado en su parte formal e informal, en los procedimientos ejecutivos, es un Estado Fallido. El Estado ha perdido el monopolio de la violencia, no solo por este reclamo, sino también porque en nuestro país, cualquier grupo puede vulnerar las leyes y quedar impune. Hay inmunidad e impunidad selectiva. Lo que hacen algunos es noble y lícito y lo que hacen otros es deleznable e ilegal. ¿Cuál sería la razón para que un Policía no pueda manifestarse? El cumplimiento de la ley es la respuesta, pero son esos mismos policías que perciben a diario la vulneración de la ley en forma selectiva. Lo más preocupante de todo esto, es que lo sucedido demuestra que si no hay un cambio inmediato de formas, conformidades y transformación del Estado y de la política, esto va a volver a suceder, con posibilidad de ampliarse y crearse una situación irreversible. La “locura” policial, es consecuencia de la locura “política”, donde parecería correcto que la desigualdad selectiva sea el método. ¿Qué razón infrahumana e irracional propone este país, para que una persona que cuida el orden, ofrece su vida y percibe a diario la vulneración selectiva de las leyes que pretende defender, perciba un salario no acorde a quienes por no hacer nada o parecer que hacen algo perciban más?  Esta vez y desde hace muchos años, las FFAA, son más democráticas que nunca. La inexistencia percibida de amenazas a la defensa hace que se minimice su necesidad, pero lo cierto es que también gozan de dos situaciones parecidas a la de las FFSS. Bajos salarios y el poder de aplicación de la violencia. Pero las FFSS, viven en una guerra diaria contra el delito, las leyes de aplicación selectiva que los hace vulnerables en su accionar como en sus personas. Esto que sucedió, no queda ahí en el “renglón de un hecho histórico argentino”. Esto es recién el inicio de dos situaciones institucionales y sociales. O cambiamos la visión ideológica sobre la aplicación de las leyes o la escalada será cada vez peor y sin consecuencias predecibles. Finalmente, esto terminará en la sindicalización de las FFSS, y seguramente a futuro de las mismas FFAA. Otros países ya lo han hecho y hace décadas. El cambio inmediato deberá hacerlo el gobierno sobre la sociedad, extirpando la ideología que sostiene a los poderes políticos. De no hacerse esto, las consecuencias serán catastróficas, aunque de las catástrofes se refundan las sociedades inteligentes o se exterminan las sociedades moralmente débiles. La amenaza institucional de la policía, como fue tomada o percibida, nos está diciendo “muchachos cambien porque tarde o temprano se viene la noche”, y la noche trae oscuridad para los más optimistas creyendo que este hecho queda ahí, como solo un relato histórico de pandemia.

Cuando un Estado no controla ni tiene el monopolio de la violencia en su integridad, se lo llama fallido. Lo que hizo la Policía Bonaerense, está legalmente mal y lícitamente discutible. En un país donde los derechos sobran por sobre las responsabilidades, se establece una situación de rencor, desigualdad y resentimientos muy peligrosos. Esta vez le tocó a la policía, pero a diario lo vemos en muchos grupos sociales o partidarios. Cada uno con lo que tiene a mano y cómo puede. No podemos ser tan nabos de resentir a quienes tienen las armas, porque básicamente tienen o deberían tener tanto amor a las leyes como deseos de acción. Tampoco claramente debemos ser rehenes de quienes las portan. Cuando la ley formal o su aplicación informal se transforma en resentimiento, solo queda la acción. Es la naturaleza de sus trabajos lo que hace que sean lo que son. ¿O alguien cree que un agricultor o maestro jardinero saldría a la calle con una pistola a enfrentarse a un chorro a balazos? Lo ocurrido es un semáforo amarillo, el Estado y su gobierno de turno, deben percibirlo como un semáforo en colorado para cambiar muchas cosas axiológicas, justamente para que los que poseen las armas no tengan luz verde. La ideología sin inteligencia solo es una convicción que motiva a que un ignorante esté seguro de hacer cosas que no entiende hasta consecuencias que no prevé. Lo que hizo la policía está mal. No debe repetirse, pero el Estado, la sociedad y el gobierno, deben tomar cartas en el asunto yendo al problema de raíz que ya es un árbol. No es podar la solución, sino armar un jardín donde cada planta reciba exactamente el agua que merece, aunque un poco de poda nunca está mal tampoco.

Larreta presidente

La situación que desencadenó la policía bonaerense, fue una plataforma política nacional para Horacio Rodríguez Larreta. El descontento por la quita del 1% de la coparticipación, lo cimentó a Larreta como el defensor privilegiado de JXC, teniendo un discurso opositor de nivel nacional y construyendo un andamiaje político a la cabeza de los intendentes y gobernadores opositores. De esta forma, claramente estaría jubilando a Mauricio Macri, quien sin tener más que la historia de su presidencia, se encontraba juntando a los dispersos sin más incidencia que las palabras. Pero Larreta tiene la gestión y el ejecutivo de la ciudad que no es poca cosa y eso le basta para estar todos los días argumentando su propia visión además de mostrar su gestión, que dicho sea de paso bastante satisface a los porteños. En 24 horas, la crisis policial se encargó de mostrar las deficiencias institucionales del país, los peligros al estado de derecho y desigualdades que vivimos, la consolidación de la cabeza de la oposición, la futura candidatura de Larreta a la presidencia, la jubilación de Macri como líder, la alineación de los opositores con el líder de la Ciudad, y por si esto fuera poco, bajo el riesgo país al 50%, (siendo el menor del último año) aunque aún está entre los más altos del mundo. Podemos creer que las calificadoras de riesgo sólo se guían por el acuerdo logrado por Alberto Fernández por la deuda, pero la perspectiva política es un “fundamental” muy importante.  Ya hay oposición consolidada, y eso pone a la política en un nivel de competición que solo se gana si se logran éxitos económicos o se retiran los que no lo pueden llevar a cabo.

El mayor desafío que va a tener Larreta, es sostener la integridad de JXC frente a las causas judiciales que deben comenzar a aparecer a medida que nos acercamos a las elecciones. Deberá defender la posición con la suficiente cintura como para no quedar pegado corporativamente en términos políticos.

por MARIANO TATO

Especialista en Marketing Político